Parábola del leñador

Parabola
del leñador

 

El
viejo Pedro vivía pobremente junto a un gran bosque. Todos los días, cuando
volvía para su casa después de cultivar la tierra, pasaba junto al bosque y
recogía la leña necesaria para alimentar la estufa de su casa.

Había
días en que la nieve tapaba la poca leña que se podía encontrar fuera del
bosque y el viejo Pedro pasaba frío, pero nunca se atrevía a entrar en el
bosque, porque era totalmente desconocido para él.

Fue
un día de estos cuando, al acabar de recoger un poco de leña, se encontró con
el genio del bosque, de aquel bosque al que nunca se había atrevido a entrar.

El
genio se interesó por los problemas del viejo Pedro y descubrió su necesidad de
leña. Le dijo, sin indicar el sitio exacto, que dentro del bosque había grandes
árboles caídos con los que podía hacer gran cantidad de leña para mucho tiempo.

El
viejo Pedro, sin pensarlo dos veces, se internó en el bosque y después de andar
un rato se encontró con unos grandes árboles secos. Poco a poco los fue
desmenuzando y con sus ramas tuvo madera para todo el invierno. Nunca había
pasado un invierno tan calentito. Se sentía el hombre más feliz del mundo cada
vez que se internaba en el bosque para recoger la leña. Se fue familiarizando
con las plantas, los animalillos, la melodía del viento al pasar entre las
hojas

Cuando
los árboles secos se acabaron, se vio en la necesidad de ir cortando nuevos
árboles, de modo que fueron secándose y convirtiéndose poco a poco en leña.
Seleccionaba con mucho cuidado los árboles cuya madera podía reportarle mayores
beneficios. Un día se decidió a cortar el más esbelto. Se disponía a dar un
hachazo cuando una voz le detuvo. Ante él se encontraba de nuevo el genio del
bosque, al que hacía mucho tiempo que no veía.

         
Te
ruego respetes este árbol, es mi preferido. Me causarías gran disgusto si lo
cortases, a su sombra reposo y disfruto con su belleza.

         
Dame
algo a cambio, -respondió el leñador, tratando de sacar provecho.

El
genio se dio cuenta de que algo importante había cambiado en el viejo Pedro. Le
dio un cofre lleno de oro, joyas y piedras preciosas y se quedó con el hacha
del leñador. Éste marchó a su casa contento de su suerte y pensando que, sin
hacer nada, tenía ya la vida resuelta.

El
viejo Pedro se pasaba los días y las noches contemplando su tesoro. Ningún
escondite le parecía bueno para guardarlo; no se decidía a comprar nada, para
evitar que otros sospecharan que tenía un tesoro. Vivía inactivo y en continuo
sobresalto. Al no tener hacho, no podía cortar más leña; pero, por otra parte,
no quería comprar otra para no deshacerse de nada de su tesoro. Llegó a perder
el sueño y el apetito y la paz desapareció de su vida.

Anuncios

~ por rafapalomera en 2 agosto, 2007.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: