Pésame para Dio…

Pésame para Dios. H. Juan Pablo Martín Dueñas. 11 M 2004.

Pésame para Dios

 

Pésame para Dios

 

Tú has estado allí

Entre los vagones de la muerte

 

Antes, ibas alentando la vida con la que encarar el nuevo día.

Ibas con el estudiante pendiente de sus exámenes,

Con el emigrante que sueña en sus papeles de residencia,

Con el trabajador que busca el pan de su familia,

Con el niño que se divierte viendo la película que pasa por la ventana.

Dios de la vida, tú ibas apoyando el vivir de cada uno.

 

De repente todo ha estallado, y te has quedado estupefacto.

La vida, tu regalo de vida, ha saltado por los aires.

“¿Cómo es posible, si mi vida es vida y no puede morir?”

 

Después, todo es oscuridad, humo, dolor.

Allí estabas tú.

Andando entre los vagones,

Intentando estar junto a todos,

Repartiéndote entre todos.

 

Inclinándote para recoger en tus brazos al que agoniza.

Levantando al que lucha por alejarse de la muerte.

Escuchando el grito de auxilio del que se siente atrapado.

Diciendo al atónito que vuelve a abrir los ojos, estás vivo.

 

Sí, estabas allí,

Como lo estabas junto a la cruz de Jesús,

Como lo estás junto a todas las cruces del mundo

 

Te han matado más hijos

Y no te hemos dado el pésame

 

“¿Qué hace Dios” –he vuelto a escuchar.

Los obispos te han puesto de trabajo el convertir los corazones de los asesinos.

Los familiares curar a todos sus enfermos.

Los ciudadanos que castigues a los malvados

Los políticos no te han mencionado

 

¿Qué hace Dios?

Dios está horrorizado, paralizado.

Nosotros hoy volvemos a la vida, él sigue con los que sufren.

Las luces de la televisión pronto se apagarán, Dios sigue llorando el sufrimiento de sus hijos

¿Quién le ha dado el pésame?

 

¿Qué hace Dios?

Hoy Dios no trabaja; está viviendo el luto

Nos ha pasado el trabajo a nosotros:

Sentar las bases del diálogo.

Escuchar al que piensa diferente a mí,

Repartir los bienes que cada hombre necesita.

Convertir el corazón a la paz

 

Mañana volverá a trabajar.

Volverá a alentar la vida para afrontar cada amanecer.

A susurrar en el corazón de cada uno la paz.

A celebrar la fiesta de la Vida definitiva con todos los que nos han dejado.

 

Hay que esperar al mañana

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~ por rafapalomera en 24 abril, 2014.

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